La jerarquía: ¿Orden necesario o simplemente "postureo"?
Hablemos claro: la palabra jerarquía suele dar un poco de alergia. Nos suena a estructuras antiguas, a jefes inaccesibles y a burocracia. Pero la realidad es que, cuando una empresa crece, no tener un orden es la receta perfecta para el caos.
El problema no es la jerarquía en sí, sino cómo la construimos. Si la hacemos "a dedo", tenemos un problema. Para que sea justa, tiene que basarse en datos, no en simpatías. Ahí es donde entra la Valoración de Puestos (VPT), que básicamente sirve para evaluar el rol, no a la persona que se sienta en la silla.
Aquí te cuento un par de formas en las que solemos montar este "puzzle":
Por comparación pura (Jerarquización): Es lo más sencillo. Miras los puestos y decides cuál tiene más peso en el global de la empresa. Es rápido y barato, sí, pero tiene un peligro: es muy fácil caer en subjetividades y terminar valorando a "la persona" y no al puesto.
Por niveles (Graduación): Aquí la cosa se pone algo más seria. Creamos niveles (responsabilidad, conocimientos, etc.) y vamos encajando cada puesto donde toca. Da mucha más estructura, aunque redactar bien esos niveles para que nadie se confunda lleva su tiempo.
El pegamento de todo esto: La comunicación
Puedes tener el organigrama más bonito del mundo, pero si la gente no entiende por qué está donde está, no sirve de nada.
Para que los niveles funcionen, el feedback tiene que fluir de verdad. Emisor y receptor tienen que hablar el mismo idioma para que no aparezcan esos "ruidos" que solo traen desconfianza y malos rollos.
Una última reflexión:
La jerarquía tiene que ser una herramienta para que el talento brille, no un muro para que el jefe se esconda. Al final, lo que lanza a una compañía al siguiente nivel es la unidad y el trabajo en equipo basado en la confianza.
Si la estructura ayuda a que todos remen a una, adelante. Pero si solo sirve para alimentar egos, eso es toxicidad y hay que dejarla fuera de la oficina.